Reseña libro ‘Tiempos Difíciles’. Autor Charles Dickens. Por Aline R. Fagundes

Referencias Bibliográficas:

Charles Dickens. Tiempos Difíciles. Madrid. Alianza editorial. 2015. 456 páginas.

El presente volumen es la traducción del inglés de José Luis López Muñoz. 2010.

¿Quién fue y sigue siendo Dickens?

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‘Nadie que alivie los males de otros es inútil en este mundo’ – frase de Dickens.

(Portsmouth, Reino Unido, 1812 – Gad’s Hill, id., 1870) Escritor británico.

Nació el 7 de febrero de 1812, en Portsmouth, en el seno de una familia humilde.

Hijo de John Dickens, oficinista de la Pagaduría de la Armada en el arsenal del puerto de Portsmouth, y de Elizabeth Barrow. Pasó la mayor parte de su infancia en Londres y Kent, lugares que aparecieron con frecuencia en sus obras.

Comenzó a asistir a la escuela a los nueve años de edad, pero sus estudios quedaron interrumpidos cuando su padre, pequeño funcionario, fue encarcelado en 1824 por no pagar sus deudas.

Con once años tuvo que ponerse a trabajar en la empresa londinense Warren’s boot-blacking factory, una fábrica de betún para calzado, ubicada cerca de la estación ferroviaria Charing Cross.

Esta experiencia, que más tarde describiría en su novela David Copperfield (1849-50), le produjo una sensación de humillación y abandono que le acompañó durante el resto de su vida.

Entre 1824 y 1826 asistió de nuevo a la escuela, aunque la mayor parte de su educación fue autodidacta.

En 1827 consiguió un trabajo como secretario legal y, tras estudiar durante un breve periodo de tiempo el oficio, se convirtió en periodista en el Parlamento.

Para entonces ya estaba trabajando como reportero en una publicación de su tío, The Mirror of Parliament, y para el periódico liberal The Morning Chronicle.

En diciembre de 1833, publicó, bajo el seudónimo de Boz, la primera de una serie de originales descripciones de la vida cotidiana de Londres en The Monthly Magazine, revista que editaba su amigo George Hogarth.

El éxito de este libro, titulado Los apuntes de Boz (1836), le animó a preparar una colaboración similar, esta vez con el artista Robert Seymour. Cuando Seymour se suicidó, otro artista, H. K. Browne, apodado Phiz, realizaría más tarde muchas de las ilustraciones de los últimos trabajos de Dickens.

Ya casado con Catherine Hogarth, hija del director del Morning Chronicle, disfrutó de la difusión realizada por este periódico, entre 1836 y 1837, del folletín de Los papeles póstumos del Club Pickwick, y los posteriores Oliver Twist y Nicholas Nickleby.

papeles postumos PickWick Dickens

La publicación por entregas de prácticamente todas sus novelas creó una relación especial con su público, sobre el cual llegó a ejercer una importante influencia, y en sus novelas se pronunció de manera más o menos directa sobre los asuntos de su tiempo.

Con el tiempo evolucionó desde un estilo ligero a la actitud socialmente comprometida de Oliver Twist.

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Sus primeras novelas le proporcionaron un enorme éxito popular y le dieron cierto renombre entre las clases altas y cultas, por lo que fue recibido con grandes honores en Estados Unidos, en 1842; sin embargo, pronto se desengañó de la sociedad estadounidense, al percibir en ella todos los vicios del Viejo Mundo. Sus críticas, reflejadas en una serie de artículos y en la novela Martin Chuzzlewit, indignaron a los estadounidenses y la novela supuso el fracaso más sonado de su carrera en el Reino Unido. Sin embargo, recuperó el favor de su público en 1843, con la publicación de Canción de Navidad, un clásico de la narrativa infantil.

La miseria que padeció en su infancia fue el principal cimiento de gran parte de sus escritos, en donde de manera realista y con un tono agridulce, satírico, destaca por el retrato y denuncia de la situación y ambientes de las clases más desfavorecidas en la sociedad victoriana.

Entre sus obras más representativas se encuentran Casa desolada (1852-1853), La pequeña Dorritt(1855-1857), Grandes esperanzas (1860-1861) y Nuestro amigo común (1864-1865). Otras obras destacadas son Oliver Twist (1837-1839), La tienda de antigüedades (1840-1841), Barnaby Rudge(1841), Martin Chuzzlewit (1843-1844), Dombey e hijo (1846-1848), Tiempos difíciles (1854), Historia de dos ciudades (1859) y El misterio de Edwin Drood, que quedó incompleta.

También escribió cuentos, uno de los más famosos es “El Guardavía” (1866).

A pesar de los diez hijos que tuvo en su matrimonio con Catherine, las crecientes dificultades provocadas por las relaciones extramatrimoniales de Dickens condujeron finalmente al divorcio en 1858, al parecer a causa de su pasión por una joven actriz, Ellen Teman. Dickens hubo de defenderse del escándalo social realizando una declaración pública en el mismo periódico.

El 9 de junio de 1865 sufrió el famoso choque ferroviario de Staplehurst, en el cual los siete primeros vagones del tren cayeron de un puente que estaba siendo reparado. El único vagón de primera clase que no cayó fue en el que se encontraba Dickens.

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Adquirió la casa donde había transcurrido su infancia, Gad’s Hill Place, en 1856, y la convirtió en su residencia permanente. Y aquí fue donde murió, en Higham, Kent, Inglaterra, el 9 de junio de 1870 tras sufrir una apoplejía y fue enterrado cinco días más tarde en la abadía de Westminster.

Sobre la obra:

Es importante recordar que Dickens, aún niño, para pagar deudas de su padre, trabajó en una fábrica de betún para calzado y se quedó tan sumamente impactado por las condiciones infrahumanas que padecían los trabajadores del mundo industrializado victoriano, que los sentimientos de humillación y abandono lo acompañaron y estuvieron presentes como leimotiv en mucha de su extensa obra.

Coketown, ciudad ficticia, prósperamente industrial y humanamente perversa, es en donde se desarrolla la trama.

El señor Thomas Gradgrind padre, comerciante al por mayor de ferretería, ya retirado. Su mujer, la señora Gradgrind, persona de pocas luces. Sus hijos, Tom, un galopín malintencionado y Louisa, niña reflexiva, considerada por su padre el mayor de sus logros, el signo vivo de la eficiencia de su visión educativa.

El señor Josiah Bounderby,   presuntuoso y mezquino empresario, posteriomente marido de la hija del señor Gradgrind. La señora Sparsit, ama de llaves del banco del señor Bounderby.

La señora Pegler, anciana misteriosa, que visita Coketown anualmente.

Stephen Blackpool, operario honrado y trabajador. La señora Blackpool, esposa del anterior, mujer borracha y disoluta. Rachel, amiga y compañera de Stephen.

James Harthouse, amigo del señor Gradgrind, hombre ambicioso y mercantilista.

Cecilia Jupe (Sissy) hija del signor Jupe, payaso del circo Sleary, alumna de la escuela del señor Gradgrind.

El conflicto central de la trama reside en el robo que sucede en el banco del señor Bounderby.

Reseña:

Tiempos difíciles es en numerosos aspectos un ejemplo clásico de distopía, como Mundo Feliz  (Huxley) o 1984 (Orson Wells). Representa una sociedad futura, ficticia y negativa para el ser humano, construida por Dickens en pleno auge industrial victoriano.

Para imaginarnos al señor Thomas Grangrind, podemos pensar en la anécdota de Sir Philip Sidney en Defensa de la poesía en la que se cuenta cómo aquel astrónomo teórico estaba tan inmerso en la contemplación del cielo que se cayó en una zanja.  Se trata de un hombre que rige su vida y la educación de sus hijos (que estudian en una escuela de su propiedad) de acuerdo a hechos y estadísticas. No hay lugar para la imaginación, ya que no se puede medir o contabilizar como él cree poder hacer con la compleja naturaleza humana. Es un padre que sencillamente quiere a sus hijos y se equivoca.

Sus hijos, Tom y Louisa, dos criaturas alienadas, alimentadas con la dieta de la no imaginación, son incapaces de cuestionar o siquiera lidiar con sus propios valores morales, y menos aún, encontrar para sus inquietudes profundamente humanas, emocionales, nombres y formas de expresión adecuadas.

La figura decadente de la señora Sparsit, soporte nada incondicional del fornido  y egocéntrico empresario, Bounderby, es la máscara perfecta de la hipocresía, el símbolo de la dignidad recreada en base a vagas adulaciones y palabrería en lugar de en sentimientos honestos. Más bien ausencia de dignidad, perdida irrevocablemente junto a las comodidades de su anterior status quo aristocrático.

La señora Sparsit es el lado femenino del señor Bounderby. Hay competencia y animosidad entre ellos,  bajo el velo del servilismo y la exaltación del ego. Su relación es meramente transaccional; clave para el desarrollo de la trama.

El señor James Harthouse es otra reja que se abre en la cárcel de Louisa. Ésta le deposita su confianza y se enamora de él. O al menos eso cree. No sabe lo que es el amor; no sabe descifrar sus emociones.

La llegada de Sissy a la familia Grangrind es un rayo de luz esperanzador que adentra en el oscuro y triste mundo de Louisa. Se hacen amigas y confidentes. La ignorancia numérica de Sissy es inversamente proporcional a su sabiduría emocional.  Sissy, dentro de su humilde condición, comienza a brindarle algunas de las importantes respuestas existenciales que Louisa buscaba.

Otro personaje central es el honrado obrero, Blackpool. Igual que Sissy, él, dentro de su ignorancia académica, cuenta con sabiduría natural y con una enorme coherencia moral que, pese a ser cuestionada por todos, inclusive por sus propios compañeros obreros, se mantiene intacta a lo largo de la trama.

Sissy es la embajadora de todo lo que significa el circo de equitación Sleary. El circo es el contrapunto a ese mundo numérico y vacío, porque es libertad, vitalidad e imaginación.

Más que presentar un remedio específicamente político y social a la distopía de Coketown, Dickens se contenta con retratar el comportamiento humano que, si se respeta, desembocará en una especie de utopía, porque abrirá la puerta al reino de Dios aquí en la tierra.

También busca denunciar otra gran injusticia: todo el sistema social es una cuestión de interés personal; la existencia de toda la humanidad tenía que funcionar, sin excepciones, según una transacción de intereses. No cabe en esta ecuación conceptos tales como compasión, abstracción o simple bondad. Y la injusticia de ese sistema social se extiende desde las condiciones económicas hasta las mismas leyes elementales de derechos humanos aplicadas, como ser inocente hasta que se demuestre lo contrario.

‘Enséñame un obrero insatisfecho, que le mostraré un hombre dispuesto a hacer cualquier maldad’ – frase de Bounderby acerca de sus sospechas sobre el honrado obrero Blackpool.

Al escribir esta reseña y rememorar las denuncias de Dickens, yo me pregunto:

¿Qué es lo que le brinda felicidad al hombre? Nuestro sistema de detención de verdades,  en algunas manos poderosas, con fines transaccionales, ¿nos brinda lo que necesitamos para ser felices?

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